domingo, 23 de junio de 2013

La cara que pongo cuando llueve en la mirada de Pedro A. González Moreno (Fragmento)

Tuve el placer, y presumo, de ser presentado por un poeta de exactitudes y sentidos. Os dejo una parte de la presentación que nos regaló Pedro A. González Moreno. GRACIAS.




    Cara B) Antolín y la poesía joven

   Hay una poesía escrita por los jóvenes que, llámese como se quiera llamar (joven, nueva, reciente, última, ultimísima o pospenúltima), sin desentenderse de la tradición, la reinterpreta y, actuando siempre como avanzadilla, trae unas preocupaciones nuevas, una actitud distinta, un espíritu renovador y hasta un nuevo vocabulario, cuyo código no escrito les impide pronunciar palabras que suenan a otros tiempos líricos, como por ejemplo “la ceniza, la ausencia, las gaviotas”. Entregados a una cierta tarea desmaquilladora, las nuevas voces como la de Antolín son capaces de utilizar, con idéntico desparpajo, las palabras catering y amblar (o sea el neologismo y el arcaísmo) sin que chirríen por ello las costuras verbales del poema.

   Ejemplo y paradigma de esta lírica joven es la de Antolín Amador. Una poesía de ambientación urbana y con tintes sarcásticos y un poco acanallados, de noches largas y de mañanas legañosas, que rebosa frescura y que se encuentra totalmente liberada de prejuicios verbales o morales. Una poesía que emerge de lo cotidiano, y que desde ahí emprende a veces su vuelo hacia lo existencial. Una poesía directa y cruda que, con la contundencia de “un jab de izquierdas”, sabe al mismo tiempo golpear o acariciar con su guante de palabras. El suyo es un universo cercano y reconocible donde tareas domésticas como pasar la mopa o poner una lavadora se pueden convertir en actividades rituales que nunca resultan antipoéticas porque forman parte de la vida diaria, y de lo que se trata aquí no es de hacer literatura, sino más bien de atrapar la vida en cada verso.
   Y como es propio también de esa nueva poesía última y joven, en la de Antolín Amador aparece un yo poderoso y omnipresente, una fuerte individualidad que crea la figura de un sujeto lírico que la mayoría de las veces se dedica a monologar consigo mismo y que otras veces se dirige al tú de la compañera o de la amada.